Cuando llega esos momentos en que nada gusta, en que parece que no avanzamos, en que la amargura se apodera de nosotros, en que estamos cerca de soledad, el silencio se apodera del barullo de nuestra mente, aparece la sonrisa para aplacar las melancolías del sentimiento.
La sonrisa, sea nuestra o de alguna persona extraña a la nuestra, abre el cerrojo del corazón congojado. La sonrisa es la bateria del alma, es la puerta a la gracia, es la fuente de grandes conquistas.
Cuando sentimos que ya nada tiene sentido, que todo está perdido, busquemos sacar esa sonrisa que cubre el mal, o busquemos esa sonrisa de alguien extraño, ese ángel que nos liberará de sentimientos encontrados.
La sonrisa es la cura a muchos males.
